Redacción BBC Mundo
Miles de personas en la República Checa y Eslovaquia conmemoran este jueves el 40º aniversario de la invasión soviética de Checoslovaquia, que llevó a la represión del período de reforma liberal conocido como la Primavera de Praga.
Con exposiciones y reuniones públicas los dos países, que hasta 1993 eran uno, recuerdan los eventos que cobraron más de cien vidas y llevaron a la partida de cientos de miles de personas, que se refugiaron en Occidente.
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Fue un 21 de agosto, el de 1968, cuando los ejércitos de la Unión Soviética y cinco de sus aliados del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia.
Su objetivo fue poner fin a las reformas en ese país conocidas como "la Primavera de Praga".
Los cambios en Checoslovaquia habían comenzado en enero de ese año con la elección de Alexander Dubcek como Primer Secretario del Partido Comunista.
Dubcek quería, en sus palabras, un "socialismo con un rostro más humano".
Para ello levantó restricciones a las libertades de prensa, expresión y movimiento.
También convirtió al país en una federación de dos repúblicas.
Dubcek permitió además una liberalización de la economía, con énfasis en el consumo.
En pleno período de la Guerra Fría, las reformas representaban un desafío para la hegemonía de la Unión Soviética en Europa Oriental, donde se habían implantado estrictos gobiernos comunistas después de la Segunda Guerra Mundial.
Desde el punto de vista soviético, los cambios introducidos en Checoslovaquia podían llevar a ese país a abandonar el bloque de sus aliados y así sentar un peligroso precedente.
El entonces Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética y máximo dirigente de ese país, Leonid Brezhnev, formuló este principio en una doctrina que lleva su nombre.
En un discurso ante los comunistas polacos Brezhnev sentenció: "cuando las fuerzas que son hostiles al socialismo intentan desviar el desarrollo de un país socialista hacia el capitalismo, el asunto se convierte no sólo en un problema del país en cuestión, sino en un problema común y una preocupación para todos los países socialistas".
No era la primera vez que la Unión Soviética ponía en práctica este principio.
En 1956, las demandas de reforma en Hungría terminaron con la intervención militar del Ejército Rojo soviético y decenas de miles de muertos.
Ocupación
Poco antes de la medianoche del 20 de agosto de 1968, los ejércitos de la Unión Soviética, Alemania Oriental, Polonia, Hungría y Bulgaria, con casi 200 mil soldados y dos mil tanques, ingresaron en territorio checoslovaco.
Según la agencia de noticias soviética Tass, miembros del gobierno y el Partido Comunista de Checoslovaquia habían pedido "ayuda" para combatir "fuerzas contrarrevolucionarias".
Sin embargo, en un discurso por radio, el presidente checoslovaco Ludvik Svoboda condenó la invasión por realizarse sin el consentimiento de su gobierno.
Ante la superioridad militar de los invasores, las autoridades checoslovacas ordenaron a su ejército no ofrecer resistencia.
Fueron los ciudadanos, y sobre todo los habitantes de Praga, los que manifestaron su rebeldía públicamente y por lo general de forma pacífica.
Multitudes salieron a las calles de la capital para expresar su apoyo al gobierno y pedirle a los militares del Pacto de Varsovia que regresaran a sus países.
Rebeldía
Gran parte de los actos de resistencia tuvieron lugar cerca de Radio Praga.
Algunos de los jóvenes concentrados en los alrededores de la emisora lanzaron objetos contra los invasores e incluso intentaron hacerse de tanques soviéticos.
Los soldados soviéticos respondieron y al menos cuatro personas murieron.
En las plazas de Wenceslao y la Ciudad Vieja, dos lugares simbólicos de Praga, cientos de jóvenes levantaron barricadas con camiones de carga derribados para detener el avance de los militares.
La resistencia fue inútil.
Los soviéticos y sus aliados impusieron un toque de queda y amenazaron con disparar contra quienes no lo acataran.
Saldo
Alexander Dubcek y otros miembros del gobierno reformista fueron arrestados y trasladados a la Unión Soviética donde firmaron los llamados Protocolos de Moscú.
En ellos se comprometieron a defender el socialismo en Checoslovaquia y restringir las críticas en la prensa, entre otras demandas soviéticas.
Dubcek regresó a Checoslovaquia el 27 de agosto y permaneció en el poder unos meses más hasta abril de 1969, cuando fue destituido.
Se calcula que 72 checos y eslovacos perdieron la vida durante la invasión de la Unión Soviética y sus aliados.
La población tuvo que adaptarse a la nueva realidad pero de vez en cuando afloraron actos de rebeldía.
Uno de los más simbólicos fue el suicidio del estudiante Jan Palach, quien se prendió fuego en la Plaza Wenceslao en enero de 1969 en protesta por la supresión de la libertad de prensa.
El cambio llegó después de 21 años con la Revolución de Terciopelo, que puso fin al régimen comunista en 1989.
Como en otros países de Europa Oriental, la instauración de un sistema democrático fue posible debido a las reformas puestas en práctica en la Unión Soviética por Mijaíl Gorbachov en la década de los ochenta.
El entonces Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética reconoció en su momento que sus políticas de perestroika (reestructuración) y glasnost (transparencia) se inspiraron en buena medida en el "socialismo con rostro humano" de Alexander Dubcek.
(BBC)
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